Desde hace tres años son más de 400 denuncias de desaparecidos en Tumeremo. Madres y esposas denunciaron al comandante Ernesto Solís por los crímenes que mantienen en zozobra al pueblo.

“Tenemos más de 400 denuncias de personas desaparecidas en Tumeremo”, afirma Andreina Arcia, madre de dos hijos, cuyo esposo, de 28 años, vio por última vez el 10 de mayo de este año, cuando el comandante del Ejército, Ernesto Solís, lo sacó de su casa.

“A mi esposo, el 10 de mayo el comandante Ernesto Solís lo sacó de mi casa, y hasta el sol de hoy no he vuelto a ver a mi esposo, no ha aparecido. Él era mototaxista, ese día me llevó a la casa para que preparara la comida”, relató Arcia.

Un grupo de madres y esposas de mineros desaparecidos, y otras de asesinados, acudieron la mañana de este viernes, 13 de septiembre, a la sede de Fiscalía en Puerto Ordaz, para exigir justicia por los crímenes que atribuyen al Ejército venezolano.

“A mi hijo lo mató el comandante del Ejército, Ernesto Solís”, afirma sin titubeo Gladys Pedroza. Su hijo, Gunther Aguinagalde, de 20 años, fue asesinado el pasado 26 de agosto.

“Yo estaba en Margarita, allí vivo desde hace año y medio con mi hijo que está imposibilitado, cuando me llamaron y me dijeron: vente que te mataron a tu hijo”, contó en medio del llanto.

“Hay muchos testigos que vieron lo que él (Solís) hizo con mi hijo y otro muchacho. Lo arrastró para una casa y allí lo torturó y lo mató. Los muchachitos gritaban: ¡Señor, por favor! ¡No los maten! Y él los mató”, continuó relatando desconsolada.

Pedroza reclama que si para el Ejército su hijo era un delincuente, por qué no fue presentado en Fiscalía, para demostrar si estaba implicado o no en un delito, en lugar de ejecutarlo.

“Yo quiero que se haga justicia, porque este señor (Solís) está haciendo desastre en el pueblo. Quiero que caiga todo el peso de la ley sobre usted”, manifestó.

“Saquen a Solís”

Adriana Arcia también se refirió a la zozobra que viven en Tumeremo desde hace tres años, con la llegada del comandante Solís, mismo período en que se han registrado las denuncias de 400 desapariciones que -afirman- han ocurrido en el pueblo minero.

“Vivimos en una zozobra. No tenemos vida social. ¿Simplemente por ser un comandante es justo que ponga un helicóptero, ponga alcabalas solo para afeitarse el cabello?”, criticó.

Arcia acudió a la Fiscalía de Derechos Fundamentales en Bolívar, pero la denuncia nunca prosperó. La impunidad sigue.

Odalys Pedroza prefirió no hablar del asesinato de su hijo, pero sí de la zozobra que se vive en Tumeremo y exigir la salida del comandante Ernesto Solís.

“Necesitamos que saquen a este señor que está matando a la gente como perro, y no deja trabajar a nadie (...) A mí me arrancaron parte de mi corazón, pero sigo luchando por mis hijos. Lo que me hicieron no tiene perdón de Dios. Saquen a Solís, está acabando con lo que queda del pueblo. Tumeremo nunca había vivido una situación tan horrible como la que estamos viviendo”, aseguró Girón.

Es mucho más lo que ocurre al sur del estado Bolívar, pero persiste el temor a denunciar.

“Yo temo por mi vida, pero ya no me importa nada. Si me va a mandar a matar o me va a matar él mismo, ya me mató parte de mi vida. Hay muchas madres que tienen miedo, yo hablo en nombre de todas las madres de Tumeremo que tuvieron miedo de venir. Los sacan de las casas, los amedrentan, les quitan el oro, sus celulares, a las muchachas las violan, les cortan el pelo”, denunció Gladys Pedroza.

Aunque la minería en Bolívar se ha convertido en sinónimo de muerte para muchos, sigue siendo la opción de cientos de venezolanos que deciden irse a trabajar a las minas para tener mayores ingresos económicos y poder subsistir frente a la crisis económica en Venezuela. Esto a riesgo, no solo por las irregularidades que involucran al Ejército, también por el hecho de que operan bandas armadas e, incluso, el grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN).