El encuentro para el guayoyo de las tardes, en los comercios de referencia, es práctica, posiblemente, de un sector social particular; ello significa intercambiar sobre cómo desarrollar las labores de consolidación.

Tenemos un cierto movimiento relacionado con la apertura de establecimientos de consumo de café. Hablo de Ciudad Guayana, específicamente, donde a diferencia de los espacios de otras jurisdicciones del estado Bolívar, estos agradables puntos comerciales se han convertido en un sólido islote de resistencia de los emprendedores. Pero incluso más allá de los esfuerzos y creatividad de los comerciantes grandes y pequeños del ramo; el sorbo del tradicional líquido con complicaciones para la adquisición como todos los productos de alimentación en el país y en Guayana, se ha tornado en una especie de símbolo de resistencia de la civilidad, de la discusión democrática y de la trasmisión del acontecer local y nacional: person to person, diríase. Que de otra forma, sin el humeante recurso, ante el cumulo de la desesperanza por soluciones inmediatas al desastre material y espiritual de nuestra nación conllevaría a la demencia de todos por igual.

El encuentro para el guayoyo de las tardes, en los comercios de referencia, es práctica, posiblemente, de un sector social particular; ello significa intercambiar sobre cómo desarrollar las labores de consolidación. Se hace normal encontrarse con planificación de eventos de formación de los oficiantes, o los lances sobre abaratar los costos de adquisición del producto con inventivas que suponen procesar el café desde los mismos expendios. Son un mar de detalles que luego al poner sobre las mesas las tazas para su deleite, contribuyen a visualizar la ciudad, la región y el país, hacia otro diametralmente diferente, de la mano de las expectativas de cambio político, social y económico que TODOS los consumidores claman. En el rito, para completar el ejercicio de modernidad y democracia, participan hombres y mujeres por igual (hasta quizás ellas un tanto más que los varones), y los jóvenes que se amarran a la cruzada de no irse de Venezuela.

En los sectores populares con menos parafernalia y con las disminuidas “téticas” de café y azúcar que nutren al colador, la operación sigue su curso: costumbre por años en las casas solo que en el presente tiempo de desmantelamiento de las familias por la emergencia humanitaria compleja, la conversación tiene características de amasado de proyectos hacia el futuro directo venezolano que con sus tragedias colectivas e individuales nos involucra.

Instinto y coraje para la visión del porvenir

Las conversaciones repasan temáticas recurrentes, sin rigor especial muchas veces. Son puntos que ocupan la opinión pública en las redes o en los pocos medios veraces como en el estado Bolívar; convertidas las ideas del resumen en verdadero “oro” puro (manejándonos en términos del mineral de difícil olvido en estos diálogos guayaneses) para las aplicaciones cotidianas. Por ejemplo: ¡Veremos el nuevo gobierno! ¡Esto terminará muy mal! “La prioridad del sector aluminio obedece al cálculo político de grupos en Guayana”. “Los funcionarios que se designen deben provenir del empresariado que se ha sostenido en tiempos de crisis que saben trabajar con costos”. “¿Cuánto gana un docente?”. “¿Cuánto sale la lista escolar?”. ¿Existe la alerta naranja? ¿La Constitución Bolivariana de Venezuela, tiene las mismas exigencias para el servicio militar que la Constitución cubana?

Se aprecia que las materias que entremezclan exprés, capuchino, latte, macchiato con las mañanas o las tardes, no son baladíes. Como tampoco el ejercicio conformado en proceso social de cuestionamientos y juicios de la vida local, en un instante de ausencia de credibilidad en las instituciones y cuando están suficientemente maltrechos los liderazgos que viven de mejores épocas. En una coyuntura que arrastra la incompetencia para interpretar las estructuras acordes a los actuales desafíos sociales y políticos. En ese sentido la POLÍTICA, lo PÚBLICO (escuchado en los lugares de deguste de la infusión, como en las rondas más espontáneas de hogares en las comunidades), son conceptos asociados a una escena lejana en el panorama nacional, de donde se esperan respuestas sustentables a la estela de pudrición y fetidez que brota de la gestión revolucionaria. La política -con sus partidos descreditados por falta de palabra y ausencia de acompañamiento a exigencias del tiempo- es asumida como un ente abstracto que hoy en el fragor del desamparo de la destrucción del socialismo del siglo XXI proyecta la figura novedosa de Juan Guaidó, y de algunos diputados, como la esperanza, pero que igual no revisten atributos superiores en la visión estratégica o el discurso de impacto racional o emocional, anotados en el imaginario de la sociedad como indiscutible.

Escucho: “En Bolívar, en casi todos los políticos falta coraje para la lucha contra la corrupción y los vicios contra la democracia. Y falta en todos (los políticos), el instinto para abordar la transformación”.

Creatividad y palancas sustentables

Con pretextos y razones amparados en el largo proceso de destrucción del andamiaje democrático en Venezuela y sus regiones, la audacia y el ímpetu para APRENDER las nuevas dinámicas del mundo en relación a las inquietudes sobre vigencia o profundización de la democracia, han quedado truncadas del lenguaje e intención de las organizaciones políticas que hacen vida en el país. Sin desestimar los muchos esfuerzos genuinos que se han venido realizando en el combate desigual contra la dictadura, lo concreto es que no hay avances, ni creación que como partidos con identidad propia ofrecen (si es que podemos hablar de identidades).

En el estado Bolívar el panorama es desolador, son partidos políticos que no representan nada en específico y cuyas cartas de presentación están asociadas a la promesa casi mercantil de cargos para la figuración o negociados compartidos (en Guayana la transición comenzó con las alianzas entre el rangelismo del PSUV y quienes se proclaman de alternativa opositora), o son expresiones de un voluntarismo primitivo, también congelado, para los que la construcción propositiva u organizativa no es requisito. No es agresión gratuita, que pudiera pensarse de afirmaciones tan rotundas; el punto reside en el valor -que no se ve- de impulsos a conductas, discursos e ideas que interpreten a la población de hoy, en este caso local. Ese sentir sintonizado con la transparencia, participación, claridad de propósitos y que no puede lograrse si no existe la visión en conjunto a mecanismos justos y fluidos. La gente, por su parte, que ha estado padeciendo cada faceta del desastre revolucionario, saca cuentas en relación al porvenir: pluralidad, libertad y estado de derecho como fórmula de progreso y desarrollo social.

De allí que no puede dejar de destacarse esa especie de resistencia que se expresa desde las porciones de los cafés, en el lugar que sea. Allí contemplamos la Guayana que desde su expresión menuda ha dejado de ser aquella del espíritu montañés, anclada en el campamento minero y que se decide por la civilidad, aun con las amenazas que continúa profiriendo el proyecto revolucionario bolivariano. Decisión con mirada puesta en el encuentro de realizaciones colectivas y con organizaciones renovadas, sin ataduras a intereses subalternos de ningún grupo en particular.

Trocitos…

- Comienza el año escolar. A las dificultades tradicionales en el sector público y privado, ahora con mayor énfasis, cobran relevancia problemáticas como el transporte, alimentación y presencia de los docentes. Más que en ningún otro momento el magisterio venezolano, los alumnos, padres y representantes necesitarán de la movilización activa de la sociedad para otorgar respuestas puntuales mientras llegan las soluciones definitivas.

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