Con la comunicación amplia y libre la ciudadanía tiene una responsabilidad especial en la coyuntura dramática que enfrentamos en el presente venezolano.

El profesor universitario Alfredo Ynatty, reconocido hombre público de la capital de Guayana, en encuentro reciente me comentó con manifiesta indignación que la laguna de El Porvenir, a pocos metros del Paseo del Orinoco, había inundado el sector de La Alameda, con varios damnificados y este hecho no tenía resonancia a nivel de la opinión pública. “Nadie ha sacado esto”-protestaba- agregando que de igual manera sucedió con la impresionante crecida del río padre del año pasado lo que poco, en su opinión, mereció la atención de la crónica o el reportaje. “Siendo una crecida que sobrepasó ampliamente los niveles históricos”.

En el sector del Core 8, en Ciudad Guayana ocurrió, este mes, una particular situación de violencia, digna de estupor y de análisis en la región, que si bien tuvo presencia en las redes y la cobertura, por cierto, de Correo del Caroní, poca repercusión proyectó para lo que significa el desarrollo de actividades de todo orden en comunidades precarizadas por la crisis regional y nacional. En un partido de fútbol, el equipo que parece ser el de la barriada, agredió hasta con armas de fuego y con graves hechos de sangre inclusive, al equipo rival, un club de jóvenes estudiantes de la UCAB Guayana.

Movilizaciones por servicio de agua en conjuntos residenciales de Puerto Ordaz. Situación del curso de dinero en efectivo en los municipios del sur y las constantes quiebras de negocios que se producen en Roscio o Sifontes, pese a la fama de la bonanza del oro. Asesinatos, asaltos y saqueos en las comunidades de los que nadie se entera. El trillado calvario del transporte público en zonas periféricas de San Félix. La especulación de los productos en centros de expendios, las estafas y el pillaje que llegan a los hogares. Son miles de circunstancias, muchas casi domésticas pero de alto impacto en sectores residenciales, que no aparecen en las noticias ni en las redes sociales. Son apenas un rumor que se desvanece con rapidez. Nada nuevo y si muy extendido en el territorio nacional. Del reclamo de los medios de comunicación social y de los trabajadores de la prensa para que los organismos de gobierno permitan el acceso a la información de políticas e inversiones; fuentes regulares, que con altas y bajas, fueron eliminadas del todo en el proceso revolucionario. De la misma forma pasa con toda la sociedad donde el proceso de opacidad es manto gigantesco, donde el extravío de los hechos y las informaciones se han convertido en práctica que va dejando sin elementos de juicio a los pueblos, municipios y regiones. Con esto, la incertidumbre, y la desesperanza ante hechos más complejos que la opinión pública desconoce se quedan sin trascendencia y parece existir una normalidad que no es tal. O se suceden acciones como la Constituyente que amenazó por estos días con eliminar a la Asamblea Nacional, electa por 14 millones de venezolanos, resultando a los ojos distraídos e incluso de otros no tanto, un movimiento de alto vuelo estratégico del diputado Cabello en la actual lucha donde el del mazo funge de contrapeso burdo a los factores democráticos contra la usurpación.

Para ser escuchados

Le oí al renombrado periodista Luis Carlos Díaz, que el internet en Venezuela es básicamente urbano, se aleja de la ruralidad. Este dato comprueba la utilidad que han tenido las redes sociales para la ciudadanía en la tenaza informativa a los medios tradicionales que el socialismo del siglo XXI ejerce mediante miles de recursos en el país. Pero las redes son insuficientes; las pequeñas noticias, las de interés de municipios y caseríos de la extensa Guayana, por ejemplo, siguen siendo ignoradas por la población en su conjunto. Es lo que obliga a sostener que la resistencia democrática debe hacer uso de su inventiva en diseñar e impulsar el NOTICIERO que incorporando voluntarios por la información veraz llegue a la preocupación de la gente sobre lo que pasa en sus barriadas, urbanizaciones y la región; enlazado con lo que en algún instante termine de pasar en Venezuela.

Son las NOTICIAS, con narración de hechos, sucesos y acontecimientos que no copien el ejercicio de incontables voces opinando de todo en una ruidosa algarabía que tenemos en las redes, mayoritariamente con tono agresivo y descalificador. Resaltamos la interesante experiencia del Sistema de Información Pública (entre incontables y novedosos emprendimientos de comunicadores y periodistas) que recibimos a través de los móviles, por WhatsApp, pero en la idea que ilustramos requerimos un formato híper local y con modalidades diversas.

La población exige cada vez más

Con la comunicación amplia y libre la ciudadanía tiene una responsabilidad especial en la coyuntura dramática que enfrentamos en el presente venezolano. De la mano de organizaciones partidistas débiles y desacreditadas, con la urgencia de liderazgos que muestren la ejemplaridad ante los desafíos de los valores y de la cultura rentista y extractiva (como lo señala el padre Arturo Peraza: “El problema es cambiar una sociedad que pide y pide pero no produce“ ), es la sociedad organizada en asociaciones, movimientos locales por los derechos sociales y políticos, en una región de gran importancia como la nuestra, la que debe hacer en esta materia su mejor contribución.

No hay que olvidar que en Guayana el régimen compró el silencio. El modelo bolivariano adquirió medios, radio emisoras y a otras las amordazó con el chantaje económico. La región respira problemáticas complejas que el discurso político no quiere, ni tiene capacidad para brindar posibilidades de construcciones mayores en el tiempo del porvenir. En ese caso la transición puede resultar igual de dolorosa que muchos de los episodios padecidos en la dictadura roja. ¿La explicación?: Grupos de intereses, bandas criminales, complejidad de soluciones, desastre económico, tardanza productiva. Son aspectos de una realidad que seguirá gobernando de facto si, entre otras cosas primordiales, la información y las noticias quedan fuera del dominio de la gente.

Hay, sin embargo, una cultura de exigencia que los tiempos de la globalidad han impuesto en nuestras jóvenes generaciones, esa actitud está en cada rincón de Guayana y del país y tiene que ser aprovechada. De la revista Capital, publicación quincenal chilena, en un excelente trabajo titulado, “Ricardo Lagos: Me preocupa esta sensación de rabia”, cito: “También está en curso un cambio en el sistema democrático. Antes era vertical. Los partidos ordenaban. El líder hablaba. La ciudadanía votaba. Ahora el sistema democrático es horizontal. Hay una ciudadanía que exige ser escuchada, y deben crearse las instituciones que lo permitan. Por lo tanto, el futuro es lo que va a determinar nuestra capacidad de insertarnos en lo que viene”. Palabras sabias, pero sobre todo tienen, por sobre distancias y realidades a las que se refiere el exmandatario de esa nación hermana (subrayado por el exparlamentario Luis Beltrán Franco en un tuit, que comparto plenamente), un fuerte olor a Venezuela y sobre todo a esta extensa Guayana.

Trocitos…

- El pasaje en San Félix, en un transporte reducido, caótico e inseguro, tiene ya la tarifa de 1.000 Bs para cualquier ruta (no reciben billetes de 100 o 200). En Puerto Ordaz es un poco menos. Sobre tarifas de servicios con la hiperinflación, la gente está obligada a defenderse como puede lo que significa sacrificios increíbles para todo. Las autoridades locales, que no vale la pena ni mencionar, duermen de lo lindo, despiertan solo cuando les ordenan recoger firmas contra Trump. ¡A levantarse!