Se ha dicho que si cae Venezuela cae el régimen cubano; pero es posible que a los del Norte se les ocurra a la inversa. Que si se aprieta suficientemente a la tiranía caribeña, esta arrastraría consigo al régimen títere vernáculo.

Hemos pasado veinte años aguantando. La gente se pregunta si para salir de esto tenemos que tolerar veinte más porque las cosas no pueden arreglarse de un día para otro o en unos meses. Gran verdad. Tan grande como la inutilidad de la visita de Bachelet (comentario de Almagro) o los paseos a Oslo, las declaraciones del Papa, de la UE, del Grupo de Lima, del Grupo de Contacto, de la ONU, y de todos aquellos que opinan acerca del asunto Venezuela como una eventualidad superficial que se puede solucionar por medios civilizados contemplados en los países respetuosos de un Estado de Derecho. Se hacen comparaciones, que siempre son odiosas, y no se acepta que la situación venezolana tiene dimensiones y características tropicales distintas a otras latitudes, por lo cual no siempre se aplican los mismos ideales y conceptos. Aquí somos caribes, y eso tiene significado.

Mientras la untuosidad diplomática y la timidez política arropan la palestra pública los seres humanos que conforman los pueblos siguen padeciendo por la insensibilidad y los manejos de los que no les importa sino la dominación ideológica, política o económica; aquellos que hacen cálculos en términos monetarios y no en emociones humanas. Nosotros no somos una excepción en ese contexto. Somos deliberada y mal intencionadamente integrantes de la mayoría de países no democráticos que están representados en el foro de la Naciones Unidas. De los casi doscientos países que se sientan en esa sede solo setenta y cinco tienen gobiernos respetuosos de la esencia de las democracias: las libertades ciudadanas.

Nuestro problema no se resuelve y entra en una espiral de conflictos latentes y activos como el de muchas naciones en el planeta que están en cola para ver el fin y la solución de sus controversias. Tenemos importancia pero no más que los sirios, palestinos, libaneses, ucranianos, árabes, turcos, kurdos, cubanos, y la lista es larga; pueblos y sociedades que tienen generaciones sobrellevando la carga de la desidia y la palabrería que los rodea. Con todo y eso como lastre tenemos un porcentaje bastante alto para lograr escabullirnos del oscurantismo general y de ser retrotraídos a épocas nada brillantes en la historia de la humanidad. Estamos enfrentados a un salvajismo creciente y pareciera que el país politiquero está más interesado en unas elecciones a como dé lugar; y, además, para complacer espíritus obsecuentes, moldeables y adaptables a la situación, oportunistas y aprovechadores, calculadores y apostadores, que en solucionar el asunto nuclear de la nación sin lo cual es imposible cualquier avance, progreso o competencia por el poder o por el progreso.

Guaidó y otros voceros serios del foro mundial (incluido Insulza) han declarado la inoperancia de un evento electoral con estos actores, o que incluya a alguno de los actuales que han contribuido ferozmente al exterminio de las instituciones locales y de todo el aparato productor, monetario, financiero, comercial e industrial que le daba a Venezuela un puesto preponderante en el escenario internacional y, desde luego, en el interno.

Se habla de unidad, y la unidad debería comenzar por una oposición coherente y direccionada en un mismo sentido; después de eso podría hablarse de tolerar democráticamente a algunos factores miembros del partido antidemocrático en el poder, para demostrarles cómo se gana limpiamente una contienda electoral. Pero primero gobierno de transición.

En sano juicio no se puede incorporar alegremente a los enemigos del país, del pueblo y del sentir republicano a arreglar lo que ellos arruinaron.

Si quieren protección inmediata a pesar de lo que merecen puede considerarse siempre que se larguen muy lejos y sin chistar. Y se entiende que no quieran hacerlo; aunque algunos sí pretenden negociar una salida transicional condicionada a recibir dólares o poder.

Vista las circunstancias, la comunidad internacional encabezada por los Estados Unidos no nos ha abandonado todavía porque somos de mucho interés para la región, y no están dispuestos a cedernos para reeditar a la isla de la infelicidad.

Se ha dicho que si cae Venezuela cae el régimen cubano; pero es posible que a los del Norte se les ocurra a la inversa. Que si se aprieta suficientemente a la tiranía caribeña, esta arrastraría consigo al régimen títere vernáculo. Puras conjeturas; porque así las cosas, solo saben algo aquellos pocos que están involucrados en nuestro destino.

La impaciencia del pueblo debería producir inquietud y respeto.

Template by JoomlaShine