De acuerdo con el observatorio indígena Kapé, 100 familias waraos viven en el vertedero de Tucupita. Otras comunidades en Delta Amacuro se enfrentan a la proliferación de enfermedades endémicas.

Sonia Moreno es una madre que actualmente vive con sus tres hijos en el vertedero de Tucupita, estado Delta Amacuro. Desconoce su edad y no sabe leer ni escribir.

Todos los días recuerda la pérdida de sus cinco hijos que fallecieron durante el año 2016 y 2018 tras presentar diarrea y desnutrición, mientras que con los otros tres se dirige hasta el centro de botadero de basura para poder conseguir ropas y residuos de comida y comer durante el día.

Este es el retrato de apenas una de las 100 familias que viven en el vertedero de Tucupita, la mayoría pertenecientes a la etnia warao.

A pesar de lo conocida y dramática que es la realidad de quienes, como Sonia y sus hijos, viven en esta condición, las instituciones gubernamentales de la región mantienen a los habitantes del sector prácticamente marginados de los programas sociales, ni siquiera disfrutan de los beneficios que son otorgados a través del sistema del carnet de la patria, programa bandera de Nicolás Maduro.

Las familias que viven en el vertedero de basura presentan cuadros alarmantes de malnutrición, enfermedades de la piel, diarreas, vómitos y otros brotes endémicos característicos de las condiciones de insalubridad en las que viven.

Recrudece la tuberculosis en comunidades waraos

Las parroquias Padre Barral y Manuel Renauld, del municipio Antonio Díaz, son las más afectadas por la proliferación de enfermedades crónicas y endémicas ante la falta de medicinas en la zona.

Diarrea, desnutrición y enfermedades crónicas respiratorias como la tuberculosis y el VIH sida hacen estragos en las comunidades waraos del estado Delta Amacuro.

La población de las comunidades de Merejina, Jobure, Tekoburojo, Bonoina, Korokoina, Mujabaina de Bonoina, Nabasanuka, Morichito, Winikina y los caseríos ubicados en la zona baja de los caños del Delta del Orinoco son afectadas seriamente con recrudecimiento de la tuberculosis, por la falta de tratamientos y atención médica ante la ausencia total de transportes y movilización en las comunidades.

De acuerdo con el reporte de la revista venezolana de salud pública, para el final del año 2018 “el estado Delta Amacuro representaba una de las más altas casuísticas en Venezuela, especialmente en las poblaciones indígenas. El informe se refiere a la comunidad de San Francisco de Guayo con prevalencias en niños menores de 15 años hasta 60% de tuberculosis pulmonar”.

De acuerdo con testimonios de los afectados, todas las comunidades waraos presentan casos de pacientes con síntomas de enfermedades pulmonares. Abel Avila, de la comunidad Bonoina, señaló la existencia de seis afectados en su comunidad que han sido confirmados por la bacteria de TBC o tuberculosis por análisis de laboratorio.

Sin embargo, la falta de tratamiento en las comunidades es uno de los factores que limita la recuperación. “No hay medicina ni tratamiento para la tuberculosis, aquellos pacientes que tienen la oportunidad de trasladarse hasta el centro de salud en San Francisco de Guayo son los que reciben su tratamiento”, sostuvo.

Abel Ávila es testigo de la muerte reciente de una joven warao de 24 años de edad, fallecida por una extraña enfermedad pulmonar que nunca fue diagnosticada, ni recibió atención primaria por el aislamiento a que se encuentra sometidos los caseríos del Delta del Orinoco.

Jesús Jiménez, médico warao, es insistente en su llamado ante la falta de asistencia sanitaria adecuada en las comunidades waraos, la falta de especialistas y equipos médicos que controlen la propagación de las enfermedades crónicas en una población estimada de 35 mil habitantes, que representan el cuadro progresivo de deterioro en el sistema de salud de la comunidad indígena warao del Delta del Orinoco.

La insalubridad y la ausencia de los servicios básicos en las comunidades waraos es el caldo de cultivo de enfermedades como la tuberculosis. La Organización Mundial de la Salud sostiene que la causa más importante de mortalidad entre las personas que viven con el VIH/SIDA y que esta enfermedad es la razón principal de que no se logren alcanzar las metas de control de la tuberculosis en zonas donde la infección por VIH es frecuente. (Prensa Kapé Kapé)